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Encrucijada (La Ninfa del bosque)

He caminando por este sendero, tan largo como mi espera ha sido.
La lluvia cae desde el cielo gris empañando la visión del camino.
Es a ti a quién he buscado, es a ti a quién he perseguido.
Un Ninfa que danza en el bosque mientras yo estoy muriendo de frío.

Me he arrastrado, corrido, impulsado. He gritado tu nombre a los vientos del olvido.
Intensamente yendo tras tu rastro, las señales de que hace poco has partido.
Te desplazas sobre el aire sublimando aquello que en tus ojos esta escrito.
La poesía se crea desde tus pupilas, llamas ardientes en cada uno de mis latidos.

La ceniza entre mis dedos de otra fogata que se apaga.
El peso de mis esperanzas y temores hoy se ha ido.
Acamparé buscando entre las estrellas tu mirada.
Para con el alba emprender un mejor destino.

Adiós.

Aunque llueva

Las palabras son perezosas ya.
En mis labios no hay nada por ahora sino sal.
Las bayonetas reversibles son tu única vanidad.
Espero que asistas aunque llueva a mi funeral.

Las etiquetas de la gente que nunca quizo escuchar.
Las fantasías de la ausente entre ojo y ceja estan.
Querer o tener no pudo ser o mejorar,
lo que fué verte aún ausente; tu lengua lejos de mi paladar.

Carretillas que llevan las reliquias de la dignidad.
Titanes guardianes siempre en vigilia te aguardarán.
Lamentos alternos, santos y obcenos se invocarán.
Las delicias solubles que tu cuerpo esconde de mi mirar.

Las palabras son un adorno más.
De tu belleza implacable que no pertenece a nadie sino al mar.
Tus ojos de acero estampan en hierro mi soledad.
Y espero que asistas aunque llueva a mi funeral.

Vive la oportunidad sin miedo al error, porqué no hay nada para siempre.

Prometeo.

Mi razón cegada por tu belleza. Eres un cántico lejano, un peñasco en el que encalla mi existencia.
Te levantas en excepción, enmedio de mis libertades y mi paciencia.

Estoy atascado entre tus cabellos, apenas alimentándome con los escasos sonidos, con los ausentes gestos.
Comienzo a sentirme pesado. Empiezo a sentirme hambriento.

Indomable te llamo: has sido para mi una diosa. Has de mis víceras tu sustento.

Soy el nuevo Prometeo.

Te amaré por siempre.

Ella tomó el cráneo con ambas manos firmemente. Aún se podían apreciar restos de carne entre los recovecos dónde era más difícil que entrasen sus delicados dedos. Extendió los brazos para verlo mejor. Poseía un tinte rojizo y seguía sintiéndose un tanto húmedo y pegajoso al tacto. Olía a vida.

Arqueó los labios dejando asomar la satisfacción que sentía. Lo acercó hasta que sus ojos profundos miraron al interior de las cavidades vacías sin dejar de sonreír un instante. Cerró los ojos y beso con furia la boca de la osamenta. Apasionadamente recorrió cada diente con la lengua fundiendo las sensaciones con los recuerdos. Se separó nuevamente para ver de cerca las cuencas de esos ojos que solían contemplarla embelesados. Un escalofrío recorrió su espalda y sus muslos hasta encontrarse en su entrepierna. Había amor.

Tomó un pequeño abrecartas de plata del escritorio de piel café. Era un objeto bellamente decorado, con bajorelieves en la hoja y detalles en oro y madreperla. La luz de la única lámpara en la habitación jugaba furiosa con los bordes afilados de la herramienta, llenando de destellos su cabello negro y brillante.

Descansó en el borde sus pequeños y tersos brazos y prosiguió pacientemente con la tarea de retirar la poca carne que se negaba a bien morir, teniendo mucho cuidado de no dañar la aún esponjosa superficie del hueso. Después de unos cuantos minutos se sintió satisfecha. Era perfecto.

Envolvió el cráneo cuidadosamente y desvió su atención a los otros restos que estaban sobre la cubierta de piel: un par de ojos unidos aún por el tejido nervioso y un corazón que seguía palpitando como si fuese un pez fuera del agua.

Con un paño humedecido limpió las gotas de sangre que quedaban sobre las blancas esferas. Parecía que estuviera seduciendo a aquellos restos mientras colocaba tiernamente ambos ojos en un pequeño estuche de cristal hecho a modo de que quedasen paralelos el uno del otro, recordando la posición que tenían cuando formaban parte de un cuerpo. Cerró la tapa de la caja y la colocó al lado del cráneo cuidando que las pupilas estuvieran en dirección suya.

Se levantó felinamente de una forma que era al mismo tiempo teatral y seductora. Llevando el corazón, lo sostuvo con ambas manos, suavemente, permitiendo que latiera con cierta libertad entre sus dedos. Con cada contracción gotas de sangre salpicaban su cuerpo desnudo que ahora se mostraba en todo su esplendor: Una silueta delgada y ajustada, una suerte de contradicción de cuerpo núbil que se contraponía a una mirada de una intensidad avasallante, llena del poder de los siglos.

Apretó a su palpitante preso contra sus pequeños y blancos pechos echando hacia atrás la cabeza. Su negro cabello colgaba pesado apenas acariciando su recta espalda, arqueada con una fortaleza inusual para una mujer que parecería frágil en un primer momento.

La sangre seguía manando cómo si un mar rojo estuviera contenido dentro, y ella recorría sus curvas mientras los latidos se aceleraban y más y más. Roja sangre salpicaba su cuerpo escurriendo sobre la piel en ríos carmesíes como tatuajes rituales de alguna vieja hechicería. Cuándo los latidos eran tan fuertes que ya era difícil evitar que resbalase de entre sus manos lo llevó a su boca y lo sotuvo con ambas manos, mordiéndolo un poco. Sonrió triunfal mientras la sangre era expulsada en un frenesí brutal.

El tiempo pareció detenerse hasta que ella finalmente liberó al corazón carente por completo del líquido vital. Lo depositó apenas latiendo junto al cráneo y la caja de cristal y se alejó al centro de la habitación, sin dejar de mirar sus tesoros. Ahora su cuerpo era completamente rojo con la excepción del negro cabello ensangrentado y algunas pequeñas zonas dónde aún se asomaba la piel de marfil. Las gotas rodaban de los pezones hacia las caderas mientras su respiración se nivelaba poco a poco.

Levantó la mirada aún eufórica y perdida, y miro coqueta y dominante la caja de cristal donde había depositado los ojos. Estos eran de un color café obscuro, casi negros, y brillaban como si estuvieran hechos de joyería. Lentamente se paso la lengua por los labios y susurró: “Te amaré por siempre”.

Aquellos ojos detrás del cristal dilataron sus pupilas imperceptiblemente.

En manos de quién?…

Jamás serás partido.

Ya no temas más corazón mío.
Ya no temas más que estás ya obscuro y frío.
No te amilanes ya: el latido se ha ido.
No te avergüences jamás pues has hecho lo que has podido.

 Ya jamás oíras los aullidos de las dendritas.
Ni soportarás de nuevo los embates de la líbido.
Más muerto no estás, solo es que te has curtido.
Capa a capa blindado… jamás serás partido.

 Te guardaré bien entre ejércitos de dudas.
Con bastiones de desconfianza para que no pasen las musas.
Artillería de cinismo dirigida sin resguardo.
Para que del enemigo cruel no quede siquiera algo.

 Ya no temas más corazón mío.
Pues en mi amplia fortaleza quedará incólume tu rugido.
Eterno recordatorio para quienes lleguen y se habrán ido.
De que capa a capa te has blindado. ¡Jamás serás partido!

Más un mantra que un plan. La evocación de mi derrota.

Se ha ido.

Los ojos de la calavera son bolas de caramelo.
Las arrugas en la seda son tallones del hastío.
Las espinas de la corona son sanguijuelas que se agotan.
La lanza en el costado es la espuela de tu bota.
La sinsana brujería es tu mirada de azabache.
Las orillas de tu cuerpo mis asideros personales.
La fantasía es al deseo lo que tu cuerpo a mi cerebro.
Y ya no celebro, para en el estero que en la orilla de tu sexo muero.

Visiones e intromisiones; perturbadoras-masturbadoras de elocuencia que con frecuencia solo empañan, solo molestan.
Ilusiones que son confusiones de mis memorias sobre las viejas glorias que enfoco pero no coloco en el pedestal pétreo de tu pubis imaginario.
Incólume.

Tomarte, cogerte, besarte, tenerte, sentirte, morderte, mirarte, envolverte, esperarte, prenderte, rogarte, venerarte cada parte deseo…

…escribir en círculos, pues me atrapa la escencia de la auscencia. La nostalgia y la idea. Tú idea, porque eres todas ellas.

No estás, no te quedas. No estoy, ni me alejo. Soy el súbito fervor, el circuito en el tiempo. La cinta de Moebius. El Alpha y el Omega. La herejía, el anatema, la bruja, la pira, las costillas arrancadas, la cabeza entre las rodillas.

Labios que hablan, labios que besan, labios que rozan, frotan, sueltan, soban, escretan, colocan, atormentan.

Mitológica figura de altar en carne convertida, corrompible solo si aceptase el suicidio de mis perversiones puristas, la que es; más no sería.

Músculos y huesos. Sudor, sangre, saliva y esperma. Pasión, inflamación, erección y estela, de blanco orgasmo que rompe mi establecido esquema.

Una diosa, he de inmolar a una diosa. Se ha ido. Todo se ha ido.

La forma de matar un sueño: hazlo realidad.

I still wonder why.

We believe that we deserve to love and to be loved.
And as life passed by, we escaped from each others arms.
I still wonder why.

Dancing trough this immense stage, constantly getting close and falling appart.
Hearts lay down in the dance hall as tiny pieces of broken glass.
I can see the scars in their hands, but they still try to fix that.

They cut their own fingers! They hurt their own hands!

We have been blinded by all the pretty colours and all the shinny lights.
I had tried to recognize your face so many times.
But I don’t know you anymore in the middle of this mindless masquerade.

It’s my time to leave the hall. “Should I be brave?”-The coward in me whispers.
The music covers the inaudible cries.
All the pretty colours! All the shinny lights!

For a moment I saw you. I saw the light into your deep and beautiful eyes.
I can recognize you, even behind the mask. It’s you.
Oh! I never told you… I never had the courage to tell you…

As my youth says goodbye I run to reach you.
Between the bodies, the candles, the colours, the blood, the stars.
I’m holding you tight.

In the middle of the embrace we take off our masks. Life goes by.

We believe that we deserve to love and to be loved, my friend.
And as life pass by, we escaped from each others arms.
I still wonder why.

Cuando quieres todo, nada es suficiente.

Días de borrasca.

No escuches las mentiras verdaderas.
No apartes la armadura de la piel.
No descanses tu vigía siempre atenta.
No saludes la mano con el laurel.

No envaines la espada enarbolada.
No confíes en la sonrisa angelical.
No destines tu futuro en paz serena.
No olvides que no existe un final.

No te engañes. No cedas. No confíes. Nunca.

In Flames – Trigger

Is it dark or is it bright?
What’s the latest on the screen?
Please tell me my name
I haven’t checked it today

I am running from something, I don’t know
I am searching for something, which way to go?
I am trying to separate what’s real
I’m running in a wheel

From green to red our days pass by
Waiting for a sign to tell us why
Are we dancing all alone?
Collect some stars to shine for you
And start today there are only a few
The sign of times my friend

Avoid infinity
Are you for real?

Just scratch the surface
And you will find
Something to blame for a long lost time

From green to red our days pass by
Waiting for a sign to tell us why
Are we dancing all alone?
Collect some stars to shine for you
And start today there are only a few
The sign of times my friend

Just scratch the surface
And you will find
Something to blame for a long lost time

From green to red our days pass by
Waiting for a sign to tell us why
Are we dancing all alone?
Collect some stars to shine for you
And start today there are only a few
The sign of times my friend

From green to red our days pass by
Waiting for a sign to tell us why
Are we dancing all alone?
Collect some stars to shine for you
And start today there are only a few

From green to red our days pass by
Waiting for a sign to tell us why

Collect some stars to shine for you
Start today there are only a few

Ayer te encontré en otro cuerpo. Mañana será en alguna foto, una canción o en un recuerdo.
Vi esos mismos gestos. El encanto ensayado, la sonrisa trazada, los párpados convertidos en un marco ennegrecido.
Me persigues por millardos. Eres paradigma. Cliché. Repetida hasta el infinito.
Y yo que me preocupaba por haberte perdido.

Aurum nostrum non est aurum vulgi

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© Shades in the Room 2010.